Normalmente empieza con un solo problema...
Un proyecto reciente empezó porque una clienta quería una forma mejor de pedir y recibir documentación e información de sus clientes.
Pero al hablar de cómo funcionaba realmente su negocio empezaron a aparecer otras cosas.
Las citas. Los emails. WhatsApp. El seguimiento de clientes. Los pagos. La información repartida entre distintos sitios.
Y todas esas pequeñas cosas que tenía que recordar, comprobar o hacer manualmente para que el negocio siguiera funcionando.
Por separado, ninguna parecía enorme.
Juntas, suponían una cantidad considerable de trabajo y carga mental.
Así que el proyecto dejó de ser simplemente «una forma mejor de pedir documentos».
Empezamos a conectar procesos, eliminar pasos innecesarios y automatizar aquellas tareas en las que no tenía sentido que una persona tuviera que intervenir cada vez.
No porque su negocio necesitara «más tecnología».
Sino porque ella necesitaba tener menos cosas en la cabeza.
Eso es Flow.
